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viernes, 6 de noviembre de 2009

Anselmo Marini lleva el tango en el alma

NO TE DISTRAIGAS, ESCUCHÁ

Las puertas del ascensor de madera se abren. La máquina sube hasta el piso 8 del Centro Cultural San Martín. Un cartel de bienvenida anuncia "Radio de la Ciudad AM 1110". Desde la recepción, indican que los estudios se encuentran un piso más arriba, pero que no hay ascensor. Las escaleras por las que, años atrás, caminaron figuras como Níní Marshall, Atahualpa Yupanqui y Aníbal Troilo, son la ruta cotidiana de Anselmo Marini. Un hombre con la misma expresión de simpatía con la que empezó a trabajar de locutor en 1960. No sabía que existía la profesión, pero una vez egresado del ISER, nunca dejó de ejercerla. Comenzó como locutor de turno en una radio de Alejandro Romay. Tuvo la oportunidad de presentar orquestas famosas como la de Alfredo de Ángelis y Julio Martel.

Cada mediodía, ocupa un sillón frente al micrófono de La 2x4, frecuencia modulada de la Ciudad. El último piso del edificio es un largo pasillo con amplios ventanales. Allí se encuentran los estudios de radio, la gerencia artística e informativa y, al fondo, un gran auditorio que abre sus puertas esporádicamente. El olor de los estudios es similar al de una biblioteca: un relicario polvoriento pero ilustrado. De un lado, la operadora comenta fuera del aire lo que hará cuando termine su turno. Baja la vista y observa la grilla de programación que descansa sobre los controles. De fondo, se escucha la voz de Carlos Rossi con la orquesta de Carlos Morel. Levanta la mirada y dice "diez", se refiere a los segundos que restan para que suene la cortina musical compuesta por Hugo Del Carril, titulada Desde el Alma. La primeras notas del bandoneón, le dan pie a Anselmo Marini.

Cada minuto, una anécdota; cada programa, un personaje. Con la voz aterciopelada de Anselmo Marini la historia de Carlos Rossi vibra por el aire de una manera distinta. Aunque al locutor le enoja decir que hace algo distinto. Su compañera de la trabajo, Paula Sterzek, lee los mensajes de los oyentes: halagos, admiraciones y secretos destinados al "amigo de la radio", a un "tipo sincero" y al hombre que habla como el Zorzal. Inmersos en la profundidad del estudio de radio le hablan a miles de ciudadanos y comparten la música del arrabal.

El mediodía se convierte en tarde y el tiempo pasa desapercibido. Anselmo Marini se despide del programa como todos los días, saludando "Chau, chicas". Ellas fueron sus colegas en Radio del Plata que, al caer la noche, se despedían del locutor con mucho afecto.

El último tango de la selección es de Lucio Demare, una versión contemporánea de Malena, compuesta en el año 1942. No es azaroso. Anselmo Marini recuerda que, probablemente, ese haya sido su primer contacto con el tango. Lo escuchó gracias a una Victrola de su madre que no tenía bocina, sino que del pick-up salía el sonido.

La mesa de trabajo está empapelada de mensajes que no pudieron leerse al aire. El orden y la prolijidad de los profesionales hicieron que todo quedara limpio en pocos segundos. Marcelo Guaita aguarda, junto a la operadora, su turno para ingresar al estudio. Marini lo saluda con un abrazo. Es un hombre muy amiguero y se le nota en cada palabra. Las anédotas que cuenta al aire sobre artistas del tango inauguran una confianza íntima entre el que oye y el que narra. La justificación es clara: no hay mucha gente que sepa el porqué de las letras y las composiciones. "Mucha gente escucha tango sin saber por qué", dice Anselmo Marini. Le devuelve el alma al tango. La música se empieza a escuchar antes de que se reproduzca en la radio. Los acordes se traducen en palabras. Las letras de las canciones son explicadas con yeite. Su audiencia no está conformada por grandes conocedores del tango. Por eso, explica el origen de las melodías y sus interpretaciones. La esperanza del conductor es que lo escuche gente joven. El carisma, la suerte y la estética han sido la base de su trayectoria. "Algunos le dicen tener ángel" confiesa Anselmo Marini mientras los ojos se le cristalizan como recordando buenos tiempos.

Luego de hacer el pase al próximo programa de la emisora, saca de su maletín una especie de agenda gigante con cierre. La anatomía del cuaderno está compuesta por discos de diversos colores. Anselmo Marini hace un gran esfuerzo para levantarlo que demuestra el fuerte peso del dispositivo de almacenamiento. Es que el locutor no comparte la nueva política del penn drive y prefiere conservar un cierto cuerpo del tango. Los discos son su material de trabajo y los útiles con los que aprende algo nuevo todos los días. También es profesor en una escuela de periodismo, pero además fue un ejemplo para muchos profesionales que trabajan en Radio Mitre como Alejandro Fantino.

El tempo del tango indica que está por terminar. Las escaleras hacia abajo le facilitan el camino. El teléfono sigue sonando para saludar a "Anselmo" por su programa, pero nadie contesta. Él dejó su ángel de guardia en el aire de la 2x4.

1 comentario:

  1. Hola Keimy,

    me encantó tu texto, me atrapó desde el inció.

    Escucho a Anselmo, a Paula y a Marcelo Guaita casi a diario desde México. Viva el tango

    José Luis Esquivel

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